El verano ya está aquí y, con él, llega la peor pesadilla de cualquier instalación de refrigeración: el estrés térmico. Cuando el termómetro exterior roza los 40 °C, los equipos trabajan al límite de sus fuerzas y las alarmas de alta presión empiezan a pitar sin tregua. Sabemos que estás a pie de calle sufriendo el calor y atendiendo llamadas a contrarreloj. Por eso, antes de que el calor provoque una avería, conviene revisar algunos puntos clave que pueden marcar la diferencia.
| 4 REVISIONES CLAVE PARA ESTE VERANO |
| 1. El condensador (el pulmón que necesita respirar): En invierno, la suciedad pasa desapercibida; en verano, es una sentencia de muerte para el compresor. Limpia a fondo con hidrolimpiadora y evita los «muros de calor» o la recirculación del aire. 2. El sobrecaletamiento y la carga: No caigas en la tentación de añadir refrigerante a la ligera. Una sobrecarga con calor extremo es una bomba de relojería. Mantén el subenfriamiento entre 4 K y 5 Ky vigila que el visor no tenga burbujas. 3. El recalentamiento: Con el calor exterior, el refrigerante regresa a la aspiración más caliente de lo habitual. Asegúrate de mantener el recalentamiento en el evaporador entre 5 K y 7 K para que la culata del compresor nunca supere los 120 °C. 4. El cuadro eléctrico (el gran olvidado): Las altas temperaturas expanden los metales. Revisa el apriete de bornes para evitar componentes quemados y mide los consumos reales con pinza amperimétrica. |
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