Artículo de opinión por cortesía de Simone Grisenti, Group Marketing Manager – HVAC en CAREL Industries
Desde hace más de un año, y como consecuencia de la pandemia del COVID-19, el interés por soluciones que puedan garantizar la disminución del riesgo de contagio del aire que respiramos ha aumentado significativamente. De hecho, los espacios al aire libre y los espacios interiores con buena ventilación ahora se reconocen como de bajo riesgo, en comparación con los espacios interiores sin un cambio de aire correcto. La concentración de contaminantes dentro de oficinas y hogares puede ser hasta un 50% mayor que en el exterior. Conceptos que antes se limitaban a los especialistas en la industria del aire acondicionado se han convertido en temas comúnmente discutidos, incluso entre personas que no son expertos técnicos, pero que reconocen la calidad del aire como un factor esencial con una influencia significativa en aspectos importantes de nuestras vidas. Abreviaturas como CAI (Calidad del Aire Interior) o VOC (Compuestos Orgánicos Volátiles) se han convertido en términos habituales al describir la salud y la seguridad de los lugares donde pasamos nuestro tiempo todos los días.
Además de los riesgos asociados a las infecciones por virus o bacterias, la calidad del aire también es fundamental es aspectos menos tangibles o más complejos que también merecen un seguimiento. En general, se puede decir que una buena calidad del aire interior afecta a nuestro bienestar psicofísico, independientemente de los riesgos específicos para la salud, y es determinante para determinar nuestra satisfacción individual. En este sentido, el bienestar es fundamental para que las personas se sientan satisfechas en los lugares donde generalmente pasan gran parte de su tiempo, es decir, en los centros de trabajo. Ya sea en la oficina compartida con compañeros o en la habitación donde trabajas en casa, el lugar de trabajo no es solo el lugar donde pasamos muchas horas al día, sino que a menudo es un espacio donde suceden acontecimientos importantes de nuestra vida. Ahora se reconoce que un mejor bienestar psicofísico influye directa y significativamente en la productividad y el rendimiento.
Entonces, ¿algo tan intangible como el aire es capaz de tener efectos muy tangibles en la productividad y los resultados tanto de las empresas como de los trabajadores? Sin ninguna duda sí.
Teniendo en cuenta que respiramos más de 10.000 litros de aire al día, está claro cómo esto puede afectar a nuestra forma de sentirnos mental y físicamente, al igual que lo que bebemos o comemos.
En consecuencia, los lugares de trabajo se han convertido en objeto de evaluaciones cada vez más detalladas sobre la calidad del aire, tanto para garantizar un entorno seguro como para impulsar al máximo la productividad. Dado que un lugar de trabajo con una buena calidad del aire minimiza las ausencias del personal y aumenta la productividad, cualquier inversión realizada para mejorarlo puede resultar exitosa y amortizarse en poco tiempo.
Estudios realizados por la Universidad de Harvard han analizado las habilidades cognitivas y de toma de decisiones de los trabajadores expuestos a diferentes niveles de calidad del aire. Los resultados demuestran inequívocamente que las puntuaciones más altas en términos de función cognitiva provienen de personas en lugares con altas tasas de cambio de aire y bajos niveles de sustancias químicas y CO2. Además, los resultados muestran grandes mejoras cuando los trabajadores tienen que utilizar la información disponible para tomar decisiones estratégicas, planificar o encontrar soluciones en situaciones críticas.
Solo en Estados Unidos, el beneficio de una mayor productividad debido a la mejora de los entornos de aire interior se ha estimado entre 25 y 150 mil millones de $ por año (fuente: Fisk, W.J. y Rosenfeld, A.H., 1997. Estimates of Improved Productivity and Health from Better Indoor Enviroments. Indoor Air, 7 (3), págs. 158-172).
Entonces, ¿qué deben hacer los administradores de edificios? Partiendo de la concienciación de que una mejor calidad del aire interior afecta directamente a la productividad, el primer paso es adoptar las tecnologías y métodos adecuados para medir los parámetros utilizados para definirla. Los niveles de CO2 y COV se pueden monitorizar fácilmente usando sensores de ambiente específicos, lo que aporta una indicación directa de la calidad del aire interior y cómo se ve afectado por la ocupación humana y varios contaminantes diferentes. En particular, los niveles de COV son el resultado de gases de materiales de construcción, productos de consumo, pinturas, productos de cuidado personal, muebles y muchos otros productos. La exposición a altos niveles de COV se ha asociado con una gran variedad de síntomas: desde una sensación de malestar hasta diversas enfermedades, desde una leve irritación de los ojos hasta ciertos tipos de cáncer.
Además, no hay que olvidar que controlar y mantener un nivel de humedad correcto (entre 40%-60%) es fundamental para garantizar el confort, así como para reducir el riesgo de propagación de patógenos, especialmente durante el invierno.
Si bien la medición es el primer paso para asegurar una correcta percepción de la calidad del aire que respiramos, entonces es fundamental contar con todas las herramientas tecnológicas y de gestión necesarias para adoptar las acciones correctivas necesarias para crear las mejores condiciones ambientales. Por lo tanto, los datos recogidos por los sensores de la sala deben gestionarse adecuadamente para ajustar los niveles de ventilación y las condiciones del aire para reducir el nivel de contaminantes y, al mismo tiempo, mantener las condiciones adecuadas de temperatura y humedad.
En concreto, el uso de sistemas de control que permitan la gestión integrada de los sistemas de ventilación es un gran beneficio para poder garantizar unos niveles óptimos de calidad del aire interior con una gestión eficiente del consumo energético. Si bien un aumento considerable en la ventilación y las tasas de cambio de aire puede tener un efecto negativo en el consumo de energía si se gestiona de manera deficiente, realizar las inversiones adecuadas en sistemas de control avanzados puede mitigar e incluso compensar por completo el aumento de los costes de energía y el consiguiente impacto ambiental.
En particular, la capacidad de gestionar sistemas DCV (ventilación controlada por demanda) es cada vez más importante, para poder variar los caudales de aire y las condiciones en cada espacio individual, en función de múltiples parámetros y con una gestión totalmente automática de los requisitos ambientales, dando prioridad a diferentes parámetros a través de una lógica compleja.
La reducción del riesgo de contagio, la mejora del bienestar psicofísico y el aumento de la productividad serán los objetivos principales de los administradores, diseñadores e ingenieros de edificios. Estos aspectos ya no pueden descuidarse ni minimizarse. Las opciones de diseño correctas y las tecnologías apropiadas permiten traer mejoras significativas en las condiciones interiores incluso en edificios existentes, con claras ventajas para las personas y un retorno seguro de la inversión.




