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La industria alimentaria, una de las grandes afectadas por la crisis de los gases refrigerantes

La industria alimentaria, una de las grandes afectadas por la crisis  de los gases refrigerantes

Por Roberto Solsona, Presidente AEFYT

El año 2018 comienza marcado por la crisis de la escasez de gases refrigerantes que está provocando un grave desajuste entre la oferta y la demanda. Esta situación afecta a importantes sectores productivos de la economía española, grandes usuarios de frío que se enfrentan a importantes subidas de precios –con el consiguiente incremento de los costes operacionales- y a un posible desabastecimiento.

Uno de estos sectores que se manifiestan como grandes consumidores de frío es la industria de la alimentación y de la distribución. El frío es un activo estratégico para este sector –que representa cerca del 3% del PIB en España- ya que una cadena de frío eficiente es necesaria para garantizar muchos procesos de transformación alimentaria, la seguridad alimentaria en el momento de la fabricación y distribución y, en definitiva, la puesta a disposición de los consumidores un surtido completo y seguro.

La escasez de refrigerantes viene derivada de dos circunstancias principales: la normativa europea –el Reglamento F-Gas- que este año da una nueva vuelta de tuerca a la reducción de la venta de gases HFC de alto impacto medioambiental y la escasez de fluorita, componente fundamental para la fabricación de estos gases. La borrasca que crea las condiciones ideales para el incremento de los precios se convierte en “tormenta perfecta” en España gracias a la aplicación del cien por cien del Impuesto sobre Gases de Efecto Invernadero. Un impuesto que, bajo la dudosa denominación de ambiental, está teniendo efectos nefastos no solo desde el punto de vista económico sino también del medioambiente al haber sido caldo de cultivo para el incremento del mercado negro.

Por estos motivos, la industria de la alimentación ha hecho equipo con la del frío, en la demanda de una reducción del IGFEI y de un desarrollo legislativo realista y acorde con el estado del arte de la tecnología. En este sentido, el sector de la distribución con base alimentaria está siendo pionero en la instalación de sistemas de CO2, un refrigerante no contaminante que presenta buenos índices de eficiencia energética. Sin embargo, el desarrollo tecnológico de estas nuevas instalaciones de frío es todavía incipiente y los altos costes operativos causados por las circunstancias antes descritas no favorecen un clima tendente a la inversión.

Ante esta situación, la recomendación de AEFYT es que los usuarios finales pregunten a sus proveedores sobre la disponibilidad de gases refrigerantes; además de advertir a éstos de no caer en la tentación de acudir al mercado negro como base de aprovisionamiento. Cabe recordar que los gases que llegan a través de canales opacos no ofrecen garantías de seguridad ni de rendimiento de los equipos. Apostar por el reciclaje en estos momentos es una buena opción para ahorrar en la adquisición de gases refrigerantes nuevos, teniendo en cuenta, además, que la tasa del impuesto IGFEI que se aplica en los mismos tiene una reducción del 15%.

Los motivos del desabastecimiento
Pasamos ahora a analizar con más detalle los motivos ya expuestos que nos han conducido a esta situación. La conjunción de diferentes circunstancias que afectan a la industria de los gases refrigerantes ha creado una situación de alarma crítica en cuanto a la disponibilidad de los mismos en el año 2018, especialmente los gases HFCs R-404A y R-507A, que prácticamente desaparecerán.

La primera de estas circunstancias es que el 1 de enero el Reglamento F-Gas en vigor en la Unión Europea entra en una nueva fase. En función de la misma, las cuotas del mercado europeo de gases refrigerante HFC -expresadas en PCA (Potencial de Calentamiento Global) equivalente- que se aplican a cada productor o importador, experimentarán un nuevo recorte del 37% hasta finales de 2020. A este recorte hay que añadir un 11% de los gases importados, por lo que la reducción total equivaldrá a un 48%.

La segunda es la escasez de fluorita, un componente básico en la fabricación de gases fluorados como el R-125 y el R-32, así como en las mezclas que los contienen. Este hecho, además de una serie de dificultades técnicas y medioambientales en China, ha afectado en este país a la fabricación de estos gases fluorados. Situación que se extiende a los fabricantes occidentales, ya que las materias primas y mezclas son generalmente importadas desde China, afectando ya en estos momentos a la disponibilidad de algunas mezclas y al constante aumento de precios.

La tercera es que la aplicación de la legislación europea que exige la reducción del uso gases fluorados HFC no está acorde con el estado del arte de la tecnología. La realidad del mercado es que, a pesar de los esfuerzos de la industria, no todos los refrigerantes comercializados disponen de un sustituto directo de menor PCA. Además, los usos y aplicaciones de algunas de las nuevas alternativas del grupo L2 (ligeramente inflamables) están restringidos a la espera de la aprobación y publicación de un nuevo reglamento de seguridad que modifique su tratamiento.

La cuarta y última es un problema específico de España: la aplicación del Impuesto sobre Gases Fluorados de Efecto Invernadero. El coste añadido del IGFEI acarrea un aumento sensible del coste de explotación de las instalaciones frigoríficas. Con efectos indeseables económica y medioambientalmente, como es un incremento del mercado negro, alimentado por la importación fraudulenta a través de aduanas y de Internet.

www.aefyt.com/

 


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